728x90 AdSpace

  • Novedades

    Con la tecnología de Blogger.
    domingo, 5 de marzo de 2017

    The club

    THE CLUB

    Viernes, 6:30 pm.
    La clase de matemáticas financieras era una pesadilla. Reconozco que me gustaban las matemáticas pero el profesor Hernández, un contador con un doctorado en finanzas, hacía que al más despierto de los alumnos le diera sueño durante la clase.
    Su clase era parte de la maestría en administración de empresas, y la verdad solo estaba ahí para complacer a mis papás. Era el estudiar una maestría al salir de la carrera o ponerme a trabajar de tiempo completo. Debía aprovechar que seguían pagándome los estudios y que solo trabajaba unas horas por las mañanas llevando la contabilidad de la empresa de mi papá.
    Estaba viendo el reloj de la pared del salón de clases pensando en que ya solo faltaba media hora para que terminara la clase cuando sentí vibrar mi teléfono con un mensaje de Whatsapp. Era Lorena, mi mejor amiga y la que me animaba a hacer locuras de vez en cuando. No podíamos ser más diferentes, ella era alta y delgada, de piel blanca, cabello castaño, rizado y ojos color miel. Yo por el contrario era bajita, no puedo decir que delgada, simplemente de cuerpo normal, con sus respectiva grasita en lugares estratégicos, cabello lacio, largo, oscuro y de tez morena. No podía negar mis raíces mexicanas, al contrario de Lorena cuyo papá era argentino y tenía algo de sangre sajona en la familia.
    -Paso por ti a las 8:30, decía el texto de Lorena.
    Me animaba salir a una fiesta con los amigos de Lorena del trabajo. Eran agradables y me llevaba bien con ellos. Hablábamos de tonterías y pasábamos riendo gran parte del tiempo.

    Viernes 8:31 pm.
    Lorena pasó por mí como había quedado. Llevaba unos tacones altos, una minifalda ajustada negra y una blusa blanca de manga corta con una mascada de tonos naranjas y grises en el cuello. Se veía tan bien que me salió natural el decirle que si me gustaran las mujeres andaría con ella. Lorena se rio y me dijo que yo tampoco me veía nada mal. Cuando vi a Lorena me percaté que andaba caliente, hacía como tres meses que había terminado con “¿Cómo dices que te llamas?” y desde entonces no había estado con nadie.
    Por supuesto que yo también llevaba tacones, esos no podían faltar, unos jeans que me hacían sentirme cómoda y a la vez me sentaban bien, un top blanco con una blusa también blanca holgada semitransparente y  una chamarra de mezclilla.
    Nos dirigimos rumbo a la Condesa a un bar de ambiente relajado y con música no tan fuerte como para no poder escuchar lo que dices. Cuando llegamos ya estaban 2 compañeros de Lorena tomando una cerveza y cuando nos vieron entrar nos hicieron una seña para que los ubicáramos.


    Viernes 9:34 pm.
    Éramos 5 en la mesa: Carlos, Ramón, Xóchitl, Lorena y yo. Platicábamos de nada en particular cuando Ramón miró hacia la entrada y le hizo una seña y un amigo suyo que venía entrando.
    -Les presento a Pepe, éramos compañeros en la universidad y ahora somos roomies. Lo invité para que nos acompañara, dijo Ramón.
    Pepe saludó todos pero inmediatamente clavó su mirada en Lorena la cuál  le correspondió con una sonrisa pícara. Pepe volteó primero conmigo y se presentó.
    -Soy Pepe, ¿Y tú?
    -Daniela, le respondí.
    -Y tú debes ser Lorena, le dijo mirándola.
    -Ramón me ha hablado de ti, sé que trabajan a un par de cubículos de distancia.


    Viernes, 10:16 pm.
    A pesar del interés que había mostrado Lorena por Pepe la plática era entre Lorena, Pepe y yo. Hablábamos de libros y películas, nada fuera de lo común pero Pepe se desenvolvía muy bien mostrando que había leído y viajado mucho y mostrando cada vez que podía su sonrisa que tenía fascinada a Lorena.
     En ese momento Pepe miró la hora en el celular y arqueó las cejas indicando que algo le preocupaba.
    -He pasado una velada increíble chicas pero me tengo que ir.
    -¿Tan pronto?, dijo Lorena.
    -Tengo una fiesta en casa de unos amigos y prometí no faltar, dijo.
    -¿Y crees que tus amigos se enojen si llegamos contigo?, dijo Lorena.
    Le eché unos ojos de pistola a Lorena, no ocultaba que tenía interés en Pepe y pocas ganas de quedarse en el bar con sus compañeros de trabajo.
    -Las llevaría con mucho gusto, pero mis amigos son demasiado intensos, o bueno – Pepe se detuvo un momento y prosiguió- quizá me equivoque y se diviertan como nunca.
    La mirada de Pepe pasó de sonriente y buena gente a un brillo raro y pícaro acompañado de una sonrisa que era más una mueca retorcida hacia un lado de la boca.
    Lorena y yo lo miramos intrigados y le pedí que nos explicara de qué hablaba.
    -Verán, Leo y Andrea organizan fiestas donde corre el alcohol y la música como en cualquier otra fiesta, pero llegada la media noche más que una fiesta se convierte en un ritual donde la gente se libera de sus ataduras y saca su instinto primario. Lo importante es que nadie está obligado a participar en nada que no quiera y todos son libres de irse en el momento que lo deseen sin que nadie siquiera los voltee a ver.


    Es una celebración a la vida y la libertad. Las reglas son que no se fuerza a nadie a hacer nada que no quiera y que está prohibido el uso de drogas.
    Les aseguro que es una experiencia que nunca van a olvidar.

    Viernes, 10:50 pm.
    Aún no sé porque accedimos a ir a la bendita celebración de los amigos de Pepe. Estábamos siguiendo el Jetta de Pepe cuando este se detuvo en una calle cerca de Polanco. Nos bajamos Lorena y yo y Pepe nos esperó a unos pasos para llegar los tres juntos a casa de sus amigos.
    Pepe tocó el interfón en una casa bastante grande y después de identificarse nos abrieron el portón. Una vez dentro caminamos hacia la entrada principal y ahí nos recibieron Leo y Andrea, los anfitriones.
    -Bienvenido Pepe, qué gusto que hayas venido, y mejor aún, que hayas traído a estas encantadoras señoritas, dijo Leo con una sonrisa que inmediatamente me cautivó.
    Leo no era muy alto, tenía la barba cerrada y una cara de bonachón que no podía con ella, por eso entendí porque se llevaba bien con Pepe. Ambos pecaban de tener cara de buena gente. Andrea por el contrario tenía una sonrisa muy profunda e interesante, su mirada te decía que había algo más en ella que solo un rostro atractivo. Ambos estaban vestidos de manera formal, Leo con pantalón de vestir y camisa negra a rayas impecable y Andrea con un vestido negro y elegante pero lo suficientemente corto para mostrar su escote pronunciado que dejaba ver sus senos grandes y firmes y la mitad de sus muslos muy bien torneados.
    Están en su casa, dijo Andrea mientras entrábamos a la casa, por favor siéntanse cómodos, tomen y coman lo que les apetezca nos dijo mientras señalaba la mesa del comedor con estilo minimalista retacada de bebidas y una bandeja con canapés.
    Dentro de la casa había alrededor de 20 personas más o menos el mismo número de hombres que de mujeres, aunque por regla general siempre somos más mujeres que hombres.

    Viernes, 11:50 pm.
    La fiesta se concentraba en la sala, tenía dos sillones que se veían hechos a la medida porque sus medidas distaban de ser normales, debieron tener alrededor de 1.20 metros de ancho como por 2.8 metros de largo cada uno. Estaban situados uno frente al otro acompañados de decenas de cojines de diferentes tapices que hacían que los sillones se sintieran muy cómodos y hasta daban ganas de acostarse en ellos y usarlos como cama.
    La música electrónica sonaba a un volumen alto pero agradable y se notaba que todos estaban pasándola bien porque se escuchaban las risas y el chocar de las copas brindando ocasionalmente por algo.
    Reconozco que estábamos pasándola mejor que en el bar con los compañeros de Lorena. Los tres bailábamos en la sala junto a otras parejas y Pepe no dejaba de mirar a Lorena con mucho interés, a lo cual ella respondía con miradas sensuales.

    En ese momento sentí que me miraban fijamente. Volteé a mi derecha y vi que Leo y Andrea me miraban de una forma casi felina al otro lado de la sala. Leo había perdido la cara de buena gente y se me figuró que era un león acechando a su presa. Me lanzó una sonrisa que me puso nerviosa y sentí un escalofrío que me recorría la espalda. Leo volteó la mirada y le dijo a Andrea –Ya casi es hora-  pero Andrea no se movió y se quedó mirándome fijamente mordiéndose el labio inferior hasta que agaché la cabeza sonrojada.
    En ese momento sentí que no solo se me había subido el color a la cara sino que deseaba también morder el labio de Andrea.

    Sábado 12:00 am.
    Llegó la media noche.
    La música paró y automáticamente todos quedamos en silencio a la expectativa de lo que iba a suceder. Las luces  se apagaron y detrás de los sillones se encendieron unas luces tenues de color rojo y azul que daban un color violeta al ambiente pero permitían ver a unos metros de distancia todo lo que sucedía.  Al unísono todos volteamos a las escaleras y vimos bajar a Leo dirigiéndose hacia nosotros. Venía descalzo vistiendo una bata roja, quiero pensar que de seda, con motivos orientales y una máscara negra en la cabeza que le dejaba descubiertas las fosas nasales, el área de la boca y el mentón. Por su barba sabía que era él pero su forma de caminar y moverse me decían que era una persona distinta.
    Solté una risita nerviosa y una pareja me volteó a ver reprimiéndome con la mirada, por lo que guardé silencio inmediatamente. La excitación se podía sentir entre todos los asistentes.
    Lorena y yo nos volteamos a ver sin saber qué esperar y ella encogió los hombros con una sonrisa.
    Leo se paró en medio de la sala y extendiendo los brazos y levantando la cara gritó en voz alta:
    -Welcome to the Fuck Club!
    -Let the lust be released!
    En ese momento se empezó a escuchar música clásica, creo que Mozart,  a un volumen alto.
    Dos chicas se abalanzaron con rapidez hacia Leo como si fueran parte de una jauría de lobos hambrientos quedando hincadas frente a él.  Leo desanudó su bata, no traía nada más, y su imponente erección quedó frente a ellas. Una de las chicas puso el pene de Leo en su boca, lo agarró con las dos manos de las nalgas y empezó a empujarlo hacia ella en un frenético vaivén. La otra miraba complacida y recorría a Leo y a la chica con las manos quitándole la ropa con desesperación.
    Me quedé helada no sé por cuanto tiempo, tenía los ojos fijos en esa escena sin mirar lo que sucedía a mí alrededor. Fue hasta que sentí a alguien sentarse muy cerca de mí que reaccioné y me di cuenta que todos en la fiesta estaban inmersos en un festival de lujuria, incluyendo a Pepe que tenía la mano dentro de la blusa de Lorena apretándole un seno y besándola apasionadamente.
    -Hola, me dijo Andrea que era quien se había sentado a mi lado.


    -Estás muy nerviosa chiquita, no hay nada qué temer, sobretodo porque puedes irte en el momento que lo desees.
    La voltee a ver pero seguía en shock. Traté de decir algo pero solo conseguí balbucear un ok.
    Andrea me tomó de la mano y la empezó a besar y con su lengua empezó a trazar formas y a meterla entre mis dedos. Finalmente tomó mi dedo índice y empezó a chuparlo y mordisquearlo.
    -¿Quieres que pare? Me dijo.
    Negué con la cabeza. A pesar de que solo estaba jugando con mi mano me di cuenta que eso había sido suficiente para desear que me tomara.
    Andrea empezó a subir por el brazo con su boca y al llegar al hombro me desabotonó la blusa y la jaló hacia abajo para descubrir mis hombros. Me empezó a mordisquear los hombros y el cuello mientras una de sus manos la metía debajo de mi top y acariciaba mi espalda baja.
    Mis pezones se endurecieron, mi respiración se aceleraba y lo único en lo que pensaba era en que quería besarla. Volteé mi cara hacia ella buscando su boca y nos besamos. Nunca había besado a una chica y fue una sensación muy excitante el sentir su lengua dentro de mi boca, su olor a perfume y sus senos apretujados contra mí.
    Andrea se separó de mi boca pero empezó a morder mi mentón y a bajar por el cuello hasta mi pecho el cual lamió  alrededor de mi top. Se detuvo, separó de mí unos centímetros y sin quitarme la mirada bajó el cierre trasero de su vestido y lo dejó caer al piso. No traía sostén y sus grandes y redondos senos mostraban sus pezones duros los cuales tuve un impulso de sentir entre mis dedos y así lo hice.
    Andrea se volvió a acercar a mí y metió una mano debajo de mi top para desabrochar mi bra. Una vez desabrochado lo sacó sin quitarme el top por lo que mis aureolas se veían a través del top blanco y mis pezones duros eran una invitación para que los llevara a su boca.
    Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás. Sentí los dientes de Andrea alrededor de uno de mis pezones mientras una mano apretaba el otro seno y me desabotonaba el pantalón con la otra mano.
    Puse toda mi atención en las sensaciones que estaba experimentando pero sobretodo en la mano que Andrea estaba deslizando dentro de mi pantalón y debajo de mis panties hasta los labios de mi vagina. Sin introducir sus dedos empezó a recorrer los labios de mi vagina de arriba a abajo.
    Instintivamente levanté la cadera y bajé mis pantalones y panties hasta la mitad de mis muslos. Andrea terminó de quitarlos con suavidad mientras besaba mis muslos.
    Fue hasta ese momento que tuve conciencia nuevamente de mí alrededor y vi que Leo estaba en el sillón de enfrente penetrando salvajemente a una de las chicas que se encontraba en cuatro. Ésta gemía cada vez que era penetrada y eso me excitó tanto que me llevé el puño derecho a la boca y lo mordí.
    Andrea separó mis piernas y eso me hizo volver mi atención a ella. Mordisqueó la cara interna de mis muslos, puso sus manos en mis nalgas apretándolas y suavemente empezó a hacer círculos en mi clítoris con su lengua. Empujé mi cadera hacia su cara. Quería más. Ya no aguantaba y ella lo sabía.
    Con sus labios succionó mi clítoris masajeándolo  e introdujo su dedo índice hasta tocar mi punto G. Solo eso bastó para que se arqueara mi cuerpo, mis ojos se pusieran en blanco, mis uñas se encajaran en el


    sillón y tuviera un orgasmo muy largo e intenso. Ese fue solamente el primero  de otros dos que me dio Andrea mientras me hacía sexo oral.
    Sábado, 12:38 am.
    Andrea subió de mi vagina hasta mi boca y nos besamos apasionadamente mientras una de sus manos sostenía mi cabeza y la otra acariciaba mis senos debajo de mi top. En ese momento se paró Leo frente a nosotros.
    -¿Puedo participar?, nos dijo.
    Le sonreí pícaramente asintiendo con la cabeza. Leo se puso entre mis piernas y empezó a besarme la pelvis y el estómago. Andrea tomó mi top y lo jaló hacia arriba dejándome totalmente desnuda. Como si lo hubieran planeado Leo subió su boca hasta uno de mis senos y Andrea empezó a mordisquear el otro. El tenerlos a los dos en mis senos y sus manos recorriéndome me hizo venir nuevamente.
    Volteé a mi izquierda y vi que como a un metro de mí estaba Lorena completamente desnuda sentada sobre Pepe mientras este la besaba en el cuello y la tomaba de la cintura jalándola hacia él en un rítmico vaivén hasta que Lorena se vino emitiendo un gemido ahogado.
    En ese momento Lorena se hizo a un lado y Andrea se apartó de mí dirigiéndose hacia Pepe poniéndose entre sus piernas tomando su pene con una mano y poniéndolo en su boca haciéndole felación. Lorena se puso detrás de Andrea besándole la espalda y cruzando sus brazos alrededor de sus senos.
    Volteé a ver a Leo quien con una mano agarraba su pene y lo movía de arriba abajo en los labios de mi vagina.
    -¿Quieres que te coja?, me dijo. Solo lo haré si me lo pides.
    Asentí con la cabeza pero no fue suficiente para él.
    -No te escuché.
    -Cógeme, le dije
    Alzando la voz me volvió a decir ¡No te escuché!
    ¡Por favor cógeme ya! Le dije emitiendo un grito.
    En ese momento me penetró muy fuerte y solo bastó que lo hiciera unas pocas veces para que tuviera nuevamente un orgasmo. Leo no paró, me hizo venir varias veces estando entre mis piernas antes de que me pusiera en cuatro y me penetrara duro y salvajemente como sabía hacerlo. Mi corazón empezó a latir tan fuerte que sentí que me faltó el aire y me mareé. Le pedí que parara mientras gemía en un nuevo orgasmo.
    -Necesito descansar, le dije.
    Leo me sonrió y me besó en la mejilla. Me acerqué a su boca y puso su mano en mi boca deteniéndome.
    -Solo beso a Andrea en los labios, es mi forma de demostrarle fidelidad, me dijo mientras sonreía.


    Se paró y fue hacia donde estaban Andrea, Pepe y Lorena. Andrea estaba acostada en el sillón con las piernas al aire, Pepe estaba frente a ella penetrándola y Lorena estaba detrás de Pepe metiéndole el dedo índice en el ano. Se acababa de unir otra chica que se hincó sobre la cara de Andrea para que esta lamiera su vagina.
    Leo contemplaba la escena acariciando su pene erecto.

    Sábado 4:23 am.
    No habíamos parado de coger en toda la noche, ahora Pepe estaba dentro de mí y Lorena nos contemplaba. Pepe se puso rígido y eyaculó fuertemente dentro de mí con un fuerte gemido que hizo que yo también llegara al clímax y me uniera a su gemido. Lorena se acercó a mí y nos dimos un beso muy rico, húmedo y largo sintiendo nuestras lenguas recorrer cada parte de mi boca y la suya. Nos tomamos de la mano y me dijo:
    -Es hora de irnos, creo que ya tuvimos suficiente emoción por hoy.
    Lentamente nos vestimos y sin decir nada ambas salimos tomadas de la mano hasta el carro de Lorena. Andrea estaba sobre Leo en el sillón, ya sin la máscara, y se besaban apasionadamente. Ninguno de los dos volteó a vernos cuando salimos y creo que tampoco habían notado que ya casi todos los invitados se habían ido y los pocos que quedaban estaban buscando su ropa para irse.
    Llegando a mi casa ambas nos quedamos en ropa interior y Lorena me abrazó por la espalda hasta que ambas nos quedamos dormidas.  Lo último que recuerdo de ese día fue un beso de Lorena en mi hombro que me daba mientras me jalaba tiernamente hacia ella.
    Next
    This is the most recent post.
    Entrada antigua
    • Blogger Comments
    • Facebook Comments

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    Item Reviewed: The club Rating: 5 Reviewed By: Unknown
    Scroll to Top